Jamás estuvo frente a una cámara pero se mueve delante de ella como si llevara toda la vida haciéndolo. Su bar y su actitud tienen algo de cinematográfico, y eso se nota en la película pero también en este reportaje fotográfico.
Llegamos a su bar de la manera más natural. Las cañas de después de un visionado en la asociación del barrio acabaron allí. Nos entusiasmó el ambiente, la familiaridad de sus parroquianos, su caracter amable y su apertura a hacer cosas juntos. El primer reto no fue pequeño: encerrarnos a grabar y fotografiar un día cualquiera en el bar: 14 horas de desayunos, tapas, cañas cables y cámaras... El bar de Benito es un plató vivo y ruidoso en el que a la semana siguiente hicimos el visionado de todo con todos sus clientes. La cosa acabó en fiesta y Benito, como siempre, echó el cierre de la verja, invitó a otra ronda y se arrancó por Malagueñas.








